Los organismos reguladores, las aseguradoras y los profesionales sanitarios exigen más que la evidencia tradicional del mundo real (EMR). Quieren comprender cómo los tratamientos afectan la vida diaria de las personas, no solo lo que consta en el informe del caso. Pero, ¿cómo se puede generar evidencia centrada en el paciente que resista el escrutinio científico, regulatorio y comercial?