País de huaicos y terremotos
Si el Perú estuviese en el Medio Oriente, tendría que aprender a sortear los confl ictos religiosos y étnicos que tienen a esos países en pie de guerra.
Afortunadamente, el Perú está libre de esos confl ictos. Somos un pueblo orgulloso de su cultura milenaria, biodiversidad y exquisita gastronomía, pero con frecuencia nos olvidamos de que somos también un país de huaicos y terremotos. Como estamos aprendiendo dolorosamente en estos días, nuestra vulnerabilidad frente a los desastres naturales nos obliga a enfrentar nuestra geografía con mayor seriedad. Los huaicos de las últimas semanas han puesto en evidencia, por ejemplo, que el respeto a la informalidad encubre con frecuencia prácticas corruptas que se aprovechan de la debilidad de nuestras instituciones.