Ni príncipes valientes ni princesas indefensas

Punto de vista - El pasado 13 de agosto fue un día histórico, el país fue testigo de una inmensa movilización de ciudadanos en contra de la violencia y la impunidad.

Ni príncipes valientes ni princesas indefensas

Autor(es)

  • Almendra Piedra Ipsos Public Affairs, Perú
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#NiUnaMenos ha sido sin duda, una de las manifestaciones sociales más exitosas y ha logrado poner sobre la agenda pública un tema tan controversial como necesario de tocar: la violencia de género.

Según la última encuesta de Ipsos-El Comercio(1), el 95% de encuestados apoyaba la causa de la marcha y un esperanzado 70% consideraba que ésta iba a reducir la violencia hacia la mujer. Sin embargo, estos resultados también nos muestran que tenemos un largo camino por recorrer.

Al desagregar por género y edad ese preocupante 76% de culpabilidad, podemos observar que la justificación de la violencia no es un tema exclusivamente masculino, ya que el 75% de mujeres encuestadas también considera que la mujer es culpable si es que al cometer una infidelidad su pareja la golpea. Así mismo, si bien la violencia es aceptada tanto por hombres como por mujeres, la tolerancia hacia ella es menor entre los adultos jóvenes (18 a 24 años) que entre los mayores (40 años a más), hecho que da cierta esperanza a la búsqueda de una sociedad menos violenta e igualitaria.

No obstante, observando estos resultados nos damos cuenta de lo arraigada que está la violencia en nuestras relaciones interpersonales y más aún, la normalización y justificación de un comportamiento violento que muchas veces resulta en la pérdida de una vida humana. Esta justificación es lo que comúnmente se conoce como “victim blaming” (2) o culpabilidad de la víctima, atribuyéndole a esta la responsabilidad del hecho debido a ciertos comportamientos, actitudes o la vestimenta que llevaba en el momento que la agresión ocurrió, reduciendo así la responsabilidad del atacante. El victim blaming no solo exculpa al agresor, sino también reduce a la mujer a una posición sumisa, presentándola como un ser incapaz de tomar decisiones sobre su propio cuerpo y sexualidad. Es por eso que el 13 de agosto la ciudadanía marchó por ese derecho femenino a decidir, a sentirse dueñas de su vida, de su forma de ser, de vestir y de actuar; para quitarle culpabilidad a la víctima y sumarle responsabilidad al agresor.

La violencia, como bien sabemos, no se trata únicamente de acciones amenazantes y evidentes. Ocurre a diario, mediante situaciones sutiles y cotidianas. Ese tipo de violencia, también llamada “invisible”, es la que en junio del 2014 llamó la atención de todos los medios cuando una conocida actriz denunció que fue acosada sexualmente en un concurrido medio de transporte público(3).

Las cifras que conocimos a partir de esa denuncia fueron escandalosas; según la encuesta de Ipsos publicada por El Comercio ese mismo mes, el 59% de mujeres había sido víctima de roces incómodos y frotamientos en el transporte público o en espacios congestionados(4). La pregunta inmediata fue qué podemos hacer, a lo que algunas autoridades y líderes de opinión respondieron que se deberían crear “buses exclusivos para mujeres” aludiendo que hombres y mujeres deberían ir separados para no “provocar” un comportamiento indeseado. Este tipo de soluciones no se enfocan en la raíz del conflicto, sino por el contrario, lo validan, condenando a que futuras generaciones, también tengan que convivir con esta problemática. Políticas públicas basadas en la teoría del victim blaming no alcanzan a comprender la violencia de género en toda su dimensión, ni la necesidad de construir valores de respeto, tolerancia y equidad.

Así mismo, la cosificación de la mujer y el acoso sexual callejero no siempre son reconocidos como tales, debido a la idiosincrasia de la sociedad en la que vivimos. Como se observa en el siguiente gráfico, 2 de cada 5 mujeres está de acuerdo con recibir piropos y miradas persistes con tal de no ser tocadas por el hombre.

Estos resultados reflejan que, si bien la práctica de lanzar piropos a la mujer es algo halagador para algunas, tenemos que detenernos a pensar en lo que esto significa y reflexionar sobre nuestras palabras y el lenguaje que utilizamos para trazar una línea de respeto y poner un alto al acoso sexual callejero. Cuando, por ejemplo, le decimos a alguien que no “sea como niña” cuando tiene miedo o cuando comentamos maliciosamente sobre la vestimenta de una chica, estamos siendo cómplices del mismo abuso y violencia que tratamos de eliminar. 

La movilización del 13 de agosto que convocó a miles de hombres y mujeres ha gatillado un cambio estructural en todo el país, para que la violencia de género deje de ser invisible, fomentando una mayor acción por parte del Estado y despertando la conciencia cívica de la ciudadanía. No debemos permitir que sea un acto aislado, sino más bien un hito en un proceso de cambio. Depende de nosotros y de nuestras acciones que el cambio suceda, dejar de justificar la violencia en todos los niveles y ejercer presión social en los entes gobernantes para que las políticas públicas tengan una dirección que ayude esta causa.


Fuentes:

(1) Ipsos. Encuesta Opinión Pública, Lima, Agosto 2016.
(2) What influences victim blaming in rape? Nisha Veerd, The University of Nottingham.
(3) El Comercio: Metropolitano: Magaly Solier denunció que hombre se masturbó (30/05/2014).
(4) Ipsos. Encuesta Opinión Pública, Lima, Junio 2014.

Autor(es)

  • Almendra Piedra Ipsos Public Affairs, Perú