La educación argentina conserva valor, pero pierde confianza
En Argentina conviven dos percepciones: Una baja confianza en el sistema educativo y una fuerte valoración de las credenciales que produce.
Predomina una mirada crítica sobre la calidad general de la educación. Sin embargo, el título universitario mantiene en Argentina una legitimidad relevante: el 81% considera que ayuda a llegar más lejos en la carrera profesional, el porcentaje más alto entre los 31 países relevados.
Los datos muestran que el cuestionamiento no equivale a un rechazo de la formación superior. Las credenciales conservan valor, pero no disipa las dudas sobre la preparación efectiva. El 54% considera que el currículo escolar prepara adecuadamente para las futuras carreras profesionales. A su vez, el 25% identifica como desafío un sistema educativo y de capacitación que no responde a las demandas del mercado laboral.
La expectativa de progreso también aparece atravesada por la posibilidad de buscar el desarrollo laboral fuera del país. El 69% sostiene que las personas jóvenes tendrían mejores oportunidades si se trasladaran al extranjero. Al mismo tiempo, el 49% cree que los jóvenes argentinos tienen un futuro prometedor.
A esa incertidumbre se suma una agenda dominada por factores materiales. En Argentina, la economía es señalada como uno de los mayores desafíos para los jóvenes por el 49% y la pobreza y desigualdad por el 48%. Luego, el 34% señala la salud mental como un desafío. En tanto, el 25% menciona el impacto de las redes sociales y la IA, y otro 25%, la falta de preparación para el mercado laboral como los principales desafíos de los jóvenes hoy. Con estos indicadores, la conversación sobre el talento en nuestro país se organiza en un contexto más amplio que la empleabilidad: incluye expectativas de movilidad, desigualdad y bienestar.
En tecnología, la opinión pública argentina no adopta una lógica de prohibición unívoca. El 72% acuerda con impedir que menores de 14 años utilicen redes sociales dentro y fuera de la escuela, y el 55% considera que deberían prohibirse los teléfonos inteligentes en las escuelas. Pero solo el 34% sostiene que debería prohibirse la IA en el ámbito escolar. La diferencia sugiere una diferenciación entre tecnologías percibidas principalmente como fuente de exposición y aquellas que podrían integrarse al aprendizaje.
Para Argentina, el desafío central está en reconstruir la conexión entre educación, oportunidades locales y futuro. La universidad conserva legitimidad, pero una parte importante de la sociedad cuestiona la calidad del sistema, la preparación para el trabajo y la capacidad del país para retener a sus jóvenes.
Frente a la brecha entre educación, empleo y expectativas de futuro, ¿serán las empresas parte de la transformación o simplemente receptoras de un talento que el sistema no logra preparar?