Fin de Año 2025: Se mantiene elevada la confianza en el rumbo del país, pero la economía sigue siendo el gran desafío
El cierre de 2025 nos deja un escenario complejo en el sentir de los argentinos. Una mayoría (57%) considera que el país avanza en la "dirección correcta". Este dato, que podría leerse como un voto de confianza a la gestión y al futuro, contrasta fuertemente con la realidad que se vive en el presente: un 64% de la población describe la situación económica actual como "mala".
Esta dicotomía es el principal insight para entender al consumidor de hoy. Se registra una apuesta a futuro, una esperanza en el camino elegido, pero que convive con una desafiante realidad cotidiana. Si bien es cierto que la percepción de una economía "mala" ha disminuido 4 puntos en el último año, y la visión "buena" ha crecido en la misma proporción, la mejora aún no se siente de forma masiva.
Las principales preocupaciones de los argentinos son un reflejo de los problemas que afectan directamente al bolsillo y la calidad de vida. El desempleo se mantiene como la principal preocupación, afectando al 48% de los ciudadanos, la cifra más alta de toda Latinoamérica, muy por encima de países como Chile o México (ambos con 36%). En segundo y tercer lugar se ubican el crimen y la violencia (44%) y la pobreza e inequidad social (39%). En este último punto, Argentina también lidera en esta preocupación a nivel regional.
La inflación, aunque ha descendido al cuarto lugar de las preocupaciones (36%), sigue siendo una inquietud presente y nos posiciona como el país más preocupado por esta situación en la región, superando por 10 puntos a México (26%).
La corrupción (31%), un tema de gran relevancia en países latinos como Perú (53%) o Brasil (36%), ocupa un lugar más bajo en la agenda de los argentinos, demostrando que las prioridades hoy están puestas en la estabilidad económica y social.
Este panorama nos hace pensar en un equilibrista para representar al consumidor argentino de 2026: mira hacia adelante con esperanza, pero camina sobre la cuerda floja del presente. Es un consumidor que ha depositado su confianza en un proyecto a largo plazo, pero que necesita soluciones y alivio en el corto plazo.
Es recomendable para las marcas aprender a sintonizar con esta dualidad. El tono de las acciones puede resonar con realismo esperanzador. Las estrategias pueden enfocarse en el "valor inteligente": productos y servicios que no solo sean accesibles, sino que representen una inversión duradera y confiable, que acompañen al consumidor en este momento de necesidad mientras espera que la mejora-macro se traduzca en un bienestar personal. Posicionarse como una marca que entiende el esfuerzo, que ofrece calidad que perdura y que es una aliada en la economía del día a día, será clave para construir un vínculo de lealtad que trascienda la situación actual.