Sorprende el encono con el que se miran el ofi cialismo y Fuerza Popular. ¿Creen los ppkausas o sus simpatizantes que si el Congreso tuviese una mayoría absoluta del Frente Amplio o de Acción Popular les iría mejor? ¿Piensan los fujimoristas que habría sido más fl uida la relación con el gobierno si hubiese ganado las elecciones Verónika Mendoza o Alfredo Barnechea?
Me arrepiento de haber defendido a un asesino en serie”, espetó hace dos semanas Omar Chehade, ex vicepresidente y abogado de Ollanta Humala, refiriéndose a su ex defendido.
El sistema político peruano es uno de los más frágiles del mundo. La población tiende a elegir ‘outsiders’ que a la siguiente elección castiga con una votación demoledora.
El enfoque del Gobierno en la reconstrucción pos-El Niño le permite mantener al presidente Pedro Pablo Kuczynski su aprobación popular en 43%. La novedad es que, por primera vez, el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, encabeza la aprobación ministerial con 40%. Otro resultado muy signifi cativo es que la designación de Pablo de la Flor como director ejecutivo de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios alcanza el 62%, lo que revela un amplio voto de confianza de la ciudadanía en su nombramiento.
El análisis político nacional suele centrarse en el escándalo de la semana o a lo sumo en el debate del mes. Con frecuencia perdemos de vista que detrás de estos hechos y eventos se mueven grandes tendencias de alcance mundial, que nos afectan profundamente. Un reciente estudio de Ipsos (www.ipsosglobaltrends.com) aborda precisamente las tendencias globales de nuestro tiempo.
Por más de medio siglo, las elecciones en el mundo enfrentaron a candidatos de derecha, seguidores del modelo liberal anglosajón, y de izquierda, inspirados en el ideal socialista.
Las cifras de Castañeda a lo largo de sus tres gestiones municipales son impresionantes. En su primer período como alcalde tuvo aprobaciones mayores a 80% 17 veces. En el segundo, entre el 2007 y 2010, su promedio de aprobación fue de 77%, y nunca fue desaprobado por más de la tercera parte de los limeños. Para ponerlo en contexto, el promedio de desaprobación de Susana Villarán durante su último año de gestión fue 76%. El pico de aprobación de Alberto Andrade fue 75% en setiembre de 1997, pero su promedio durante toda la gestión fue 63%. Es decir, Castañeda ha sido ampliamente superior a sus predecesores y
sucesores en su desempeño frente a la opinión pública. Es un político acostumbrado a jugar con el marcador a favor. Siempre con más partidarios que detractores.