La dualidad y el cambio de comportamientos como respuesta a la crisis global

Cuanto más inteligente es un individuo, mayor capacidad de adaptación tiene y puede afrontar con mayor resolución los desafíos que se le presentan. En los dos últimos años hemos encarado diferentes desafíos, sin duda alguna el mayor ha sido el impacto del coronavirus. Otro importante hecho al que nos estamos enfrentando es al conflicto bélico.

La capacidad del ser humano para adaptarse a los cambios está más que probada. Basta cotejar un simple dato, la evolución de la población mundial, para entender que - incluso en las circunstancias más adversas- el ser humano se adecúa a las que le rodean. Cuanto más inteligente es un individuo, mayor capacidad de adaptación tiene y puede afrontar con mayor resolución los desafíos que se le presentan.

Esta inteligencia adaptativa ha sido considerada por algunos de los más grandes científicos de nuestra era, tales como Einstein o Hawkins, como la única noción válida de inteligencia.

Sin duda esta inteligencia forma parte de ese coeficiente intelectual que creció desde 1938 hasta 2008 – denominado efecto Flynn- y que llegado a ese punto empezó a retroceder.  Con especial incidencia en Europa, donde una época de bonanza y seguridad ha limitado la dificultad de los desafíos.

Las razones son, además de ese periodo de seguridad y bonanza, son varias. Las nuevas tecnologías están haciendo evolucionar las estrategias intelectuales -especialmente entre los más jóvenes-, la educación -eliminando materias más humanísticas por otras más tecnológicas-, la especialización de tareas, etc.

Sin embargo, en los dos últimos años hemos encarado diferentes desafíos:

  • Sin duda alguna el mayor ha sido el impacto del coronavirus. Los confinamientos masivos y el largo etcétera de consecuencias emocionales y psicológicas, que, aún estamos por medir. 

¿Cómo han impactado estos desafíos? ¿Nos han hecho más resilientes? ¿Han revertido la tendencia y volverá a crecer nuestra inteligencia adaptativa?

  • Algunas de estas preguntas tendrán que esperar meses e incluso años para ser respondidas con rotundidad, pero como analista de comportamientos me atrevo a hipotetizar con la posibilidad de que así será.

Otro importante hecho al que nos estamos enfrentando es al conflicto bélico

El impacto emocional de la finalización de un periodo de paz ha sacudido a la vieja Europa, rescatando fantasmas del pasado. ¿Cómo nos ha afectado emocional y físicamente? ¿Cómo estamos cambiando nuestras conductas? ¿Cómo afecta a la confianza en nuestros líderes?

Nuevamente algunas de las respuestas requerirán un tiempo, pero si es cierto que hemos advertido, a muy corto plazo, como algunos hábitos están cambiando. No sólo debido específicamente al conflicto, pero si a una mezcla de las distintas circunstancias que nos rodean tales como, la inflación, la situación político social, etc.

Desde Ipsos analizamos la evolución de dichas etapas emocionales durante el primer año de pandemia, de forma local, y posteriormente analizamos con nuestro estudio “What Worries the World” la evolución de las preocupaciones a nivel global.

En este momento especifico, una investigación realizada ayer -mediante nuestras plataformas digitales cualitativas (What&Why) y cuantitativas (FastFacts)- muestran un panorama muy dual. Donde hay un brote de optimismo hacia el futuro desde el yo individual:

  • El final de la pandemia parece más cercano (pese a los repuntes de la última semana)
  • La situación laboral familiar y de los seres queridos es más estable que hace un año.
  • La población ha empezado a cuidar su salud mental con terapias, conscientes de lo vivido y sufrido, y ese hecho está ayudando a gestionar esos momentos difíciles que se han vivido.
  • Ha tenido lugar un cambio en las prioridades vitales y se preocupan en mayor medida, no sólo por su salud mental antes referida, sino igualmente por su bienestar individual.

Pero donde, por el contrario, también existe una cara, pesimista y preocupada desde el yo colectivo o social:

  • Una población que desconfía que sus lideres sean capaces de dirigirlos hacia un futuro mejor.
  • Una población que hace estocaje de alimentos y combustible ante una hipotética escasez y desabastecimiento.
  • Y que incluso, renuncia a necesidades básicas para poder hacer frente a las circunstancias.

Sirva, como muestra de este cambio comportamental, el hecho que:

  • Un 57% de los españoles, declara, haber dejado de comprar algún producto de su cesta habitual de la compra.
  • Un 24% de los españoles ha reducido su tiempo de aseo para reducir su factura del gas.
  • O que un 29% ha decidido paralizar compras de inmovilizado (casas, coches, etc.) o haya aplazado inversiones financieras.

Sin duda estamos antes hechos que desafían nuestra inteligencia adaptativa y que ponen en riesgo ese atisbo de optimismo y esperanza.

En breve, desde Ipsos os contaremos con mayor profundidad que preocupaciones son las están atañendo en mayor medida a nuestra población y que cambios se están produciendo en sus hábitos.