El desapacible país del alaraco

Punto de vista - Según la Real Academia Española, “alharaca” es una demostración o expresión con que por ligero motivo se manifiesta la vehemencia de algún afecto, como de ira, queja, admiración, alegría, etc. Para los chilenos, hablar de “Alaraco” es rememorar al personaje de historieta creado por Themo Lobos y que en los 80 fuera llevado a la televisión con la actuación de Fernando Alarcón. Se trataba de un hombre que reaccionaba con exageración ante cualquier situación cotidiana.

El desapacible país del alaraco

Autor(es)

  • Mathias Klingenberg Ipsos Public Affairs, Chile
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Con ello en mente nos referiremos a los resultados que obtuvo Chile en la última medición global del estudio “Peligros de la Percepción” (Perils of Perceptions) de Ipsos, que encuestó a 25.556 personas de 33 países sobre algunos parámetros de salud, económicos y demográficos de sus naciones, para luego contrastar esas respuestas con los datos reales. Más allá de si en promedio nos fue bien o mal (estamos un poco peor que el promedio) o cómo nos gusta compararnos (“el mejor dentro de Latinoamérica”), sus resultados nos interpelan respecto de las cosas en las que exageramos, y si ello tiene alguna justificación.

¿En qué exageramos?

Dentro de nuestros índices, Chile tiene una mayor distancia con la realidad en dos puntos de alta relevancia: la participación de las mujeres y la concentración de la riqueza.

¿Por qué exageramos?

El rol de la mujer

Esto podría obedecer a dos causas:

En política, el efecto de tener a una mujer en la primera magistratura genera un efecto en los medios que se amplifica, lo que claramente incide en las percepciones de la gente.

En el mundo del trabajo, Chile ha experimentado un cambio drástico en los últimos 10 años. Si comparamos el período entre 2003 y 2013, la tasa de participación femenina aumentó al menos 10% (aún si consideramos el cambio de metodología en la encuesta de empleo), mientras en el decenio 1993-2003 esta tasa permaneció casi sin cambios.

Es posible que ambos hechos se potencien, ya que implican cambios drásticos de tendencia (si bien las investigaciones especializadas indican que aún hay mucho por avanzar), es decir son cambios en aspectos centrales de nuestra sociedad, lo que favorece una percepción por sobre la realidad de las cifras.

La distribución de riqueza

Otro punto importante a destacar es el de la distribución de la riqueza. Al igual que la mayoría de los países, sobrestimamos el nivel de concentración de los recursos, e incluso en esta medición diríamos que estamos mejor que el promedio.

Sin embargo, este informe también nos indica que (además de ser el séptimo país con mayor concentración) somos el quinto país más disconforme en términos de distribución de riqueza (medida como nivel de concentración deseada versus concentración real). Se observa, en general, que los países más disconformes tienden a ser los que clasifican más alto en desigualdad real, lo que podría implicar que sienten una necesidad urgente por un cambio drástico en esta situación.

En nuestro país es imposible no vincular esa percepción y ese deseo de cambio con los hechos noticiosos que se han tomado la agenda de los últimos años: políticas relacionadas con la equidad, prácticas de colusión en grandes empresas e investigaciones sobre quienes concentran los recursos económicos que tendrían un acceso privilegiado a las decisiones políticas. 

Lo anterior ha movilizado al país en varias dimensiones impensables hace apenas una década: como ciudadanos, a discutir un tema que parecía tan lejano como la Constitución o a la conformación de nuevos partidos; y como consumidores, con llamados a boicotear marcas o productos.

¿Y qué podemos concluir?

En estos párrafos hemos hecho el ejercicio de buscar alguna explicación para estas fallas en la percepción, y creemos que hay importantes razones que les dan validez. Sabemos que en Chile el juego cambió en aspectos que definen su identidad (frase que a estas alturas parece ser un lugar común), pero la sociedad aún no logra precisar cuánto. 

En ese contexto, las expectativas y las exigencias parecen dispararse y amplificarse en un torbellino de “posteos”, “tweets” y opiniones, y la tentación de descartarlas o minimizarlas está a la mano. Pero para los encargados de tomar decisiones lo recomendable es adoptar la actitud de un profesor sabio: asumir que no existen los “Alaracos” ni las preguntas tontas, para así escuchar con atención y entregar una respuesta que haga sentir al estudiante o la audiencia que fue escuchada y validada, con la posibilidad de ser corregida, ilustrada o convencida.

La cantidad de veces que una empresa o un gobierno ha pagado caro por descartar tempranamente a “alarmistas”, “exagerados”, “fumadores de opio”, “hippies trasnochados” y “autoflagelantes” debería habernos enseñado esa lección.

Así dejamos como tarea estas preguntas: ¿quiénes son nuestros “Alaracos”? ¿Qué podemos aprender si les ponemos atención?

Autor(es)

  • Mathias Klingenberg Ipsos Public Affairs, Chile